Estrés

“Estrés” es una palabra que solemos utilizar frecuentemente. En el lenguaje cotidiano se utiliza para indicar los efectos negativos de las presiones que tenemos diariamente: “estoy muy estresado”, “estoy tan agobiado que no soy capaz de parar de pensar”, “me duele la cabeza de no parar en todo el día”. Sin embargo, el estrés no es exactamente eso;  sino que es un proceso que se pone en marcha cuando una persona percibe una situación o acontecimiento como amenazante y/o considera que le desborda o que no posee los recursos necesarios para hacer frente a dicha situación.

El estrés no siempre tiene consecuencias negativas. En ocasiones es una excelente oportunidad para fortalecer nuestros recursos personales, aumentando nuestra autoestima e incrementando nuestras posibilidades de éxito en el futuro.

Una misma situación no resulta igual de estresante para todas las personas, sino que existen determinados factores que influyen: la  forma en que se evalúa la situación y/ o las capacidades que se tiene para afrontarlo, la manera en que la persona hace frente a las dificultades, las características personales y el apoyo social.

Entre los síntomas físicos del estrés, entre otros, nos encontramos:

  • Alteraciones en los patrones de sueño.
  • Apatía.
  • Accesos de llanto.
  • Dificultades de concentración.
  • Cambios en los patrones de alimentación (aumento o disminución de la sensación de hambre).
  • Dolores de cabeza o musculares.
  • Dolores abdominales.
  • Más sensibilidad a la ansiedad.

A través de la terapia, se trabajarán técnicas para sobrellevar las situaciones de estrés, aprendiendo a manejar los efectos del estrés con éxito.